Es curioso que haya sido esta Navidad cargada de aprensión y preocupaciones, que vuelvo sobre un tema que solo había tocado el primer año del blog. Acaso mi subconsciente quiere de algún modo participar en la necesidad común de superar cuanto antes el marrón que nos cayó encima en forma de coronavirus este 2020. Pues bien, aquí traigo un libro, un disco y una película.
Ella se llamaba Nelly y era hija de una familia vienesa de clase media. Él, Leopold Percy, era hijo de un ebanista polaco emigrado a Inglaterra. Lo único que tenían en común era la religión judía, aunque no practicante. Y nunca se hubieran conocido, de no ser porque, un año antes del estallido de la Gran Guerra, Nelly viajó a Egipto en compañía de un pariente con redes comerciales en el Mediterráneo oriental, donde el joven Leopold trabajaba para una compañía de navegación en Alejandría.
Estas dos personas son reales y fueron los padres de Eric Hobsbawm, el influyente historiador británico de la segunda mitad del siglo XX. En la introducción al último tomo de su trilogía sobre el siglo XIX, recordaba ese encuentro, improbable pero posible merced a una doble circunstancia histórica: los intereses del imperio austro-húngaro en el imperio otomano y el Oriente Próximo, y el control británico del Delta del Nilo. A él le sirvió para ejemplificar el efecto globalizador del colonialismo y la expansión capitalista en las décadas anteriores a 1914. Y a mí me vino a la cabeza cuando decidí comentar unos libros de Historia que he leído este año, precisamente, sobre expansiones y globalizaciones en distintas épocas y espacios.
Llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de seleccionar algunas canciones con intros interesantes. De esas que captan la atención del oyente, anticipando lo que está por llegar o generando un ambiente. Por supuesto, el concepto no es exclusivo de la música popular contemporánea (piensa en «el destino llamando a la puerta» de la Quinta de Beethoven), pero quizá sea más llamativo cuando atañe a composiciones breves. Su duración depende de la extensión misma de la pieza que la contiene, unos pocos segundos o varios minutos. En la música del último medio siglo y pico hay muchos ejemplos de intros famosas, en prácticamente todos los géneros, desde el jazz a la electrónica y, por supuesto, dentro del pop y el rock. Las hay de guitarra, de batería, de bajo, de teclado, como enseña Rick Beato en su canal de Youtube.
No es mi intención repetir esos clásicos archiconocidos. Ni busco ser pretencioso ofreciendo temas raros o inaccesibles. De hecho, dependiendo de tu edad y gustos musicales, podrías identificar la mayor parte de lo que sigue. Por otro lado, en posts anteriores incluí varios que encajarían aquí sin problemas. Tampoco insistiré más en el componente subjetivo de mis elecciones.
La Obra Social de Acogida y Desarrollo (OSDAD) es una entidad sin ánimo de lucro dedicada al noble empeño de rehabilitar a personas en situación de marginación social. Con sede en Las Palmas de Gran Canaria, dispone de varios locales, incluyendo una casa hogar, talleres y un centro de empleo, así como media docena de rastros o tiendas solidarias.
Cuando hice teatro aficionado, vestí alguna prenda adquirida en el ropero que hoy es el rastro de San Jorge (calle Bretón, lateral a la sede institucional de la ULPGC). Ya metido en archivos e investigaciones, recuerdo pasar por el escaparate del Rincón del Lector, en el callejón de San Marcial (lateral a la Catedral), donde cada libro se acompañaba de una nota indicando el donativo mínimo. Tardé en decidirme a entrar, pero, una vez hecho, se abrió ante mí un abanico de posibilidades lectoras. Asimismo, frecuenté su equivalente en la calle Lectoral Feo Ramos, hasta su reconversión en rastro de ropa en la perpendicular Alonso Quintero. Nunca he ido, en cambio, al Rincón del Lector II, en la ciudad de Telde, pese a las numerosas recomendaciones.
Hay dos razones para dedicar un post a esta ONG. Una, el reconocimiento a su vocación social, más necesaria que nunca. La otra, subrayar la importancia que tiene para aquellos que, como yo, gustan de trastear entre libros y discos de segunda mano. En el transcurso de esas búsquedas, he dado con algunas curiosidades y gangas que, sin ser extraordinarias, enriquecen mis estanterías.
Lo bueno de tener un blog personal, sin pretensiones (apenas) de ser leído ni comentado, menos aún de vivir de él, es que puedes escribir lo que -y cuando- te venga en gana. No tienes que rendir cuentas a nadie, reponder a demanda alguna, o satisfacer las expectativas de un hipotético lector. Ni ceñirte a los temas de actualidad, o guardar una regularidad forzosa.
Así que estoy de vuelta, a punto de cumplir trece meses desde la última entrada. Y no para hablarte del COVID-19 (la familia bien, ojalá la tuya también), de la espantosa crisis económica a la que estamos abocados por segunda vez en doce años, o de la precocupante deriva socio-política dentro y fuera de este país. Una vez más, tampoco para cumplir el objetivo de compartir impresiones sobre libros o películas.
No, regreso con algo tan facilón, cómodo y placentero como es echar mano de los recuerdos y la añoranza. Y continuar justo donde lo dejé. Son otras diez canciones a las que vuelvo a definir «del verano»… por intitularlas de alguna manera, ya que, en realidad, tienen poco o nada de estivales. Sí, ya sé, entre Facebook, Youtube y TVE (Cachitos de hierro y cromo, Viaje al centro de la tele) la nostalgia musical está al orden del día y, además, saturadísima. Pero no seré yo quien se resista a aportar otro granito de arena.
Supongo que no es necesario insistir en los motivos que me hacen elegir unas canciones en detrimento de otras. Los 80 fueron mi despertar musical, por tanto, los más intensos, los de huella profunda, independientemente de la calidad de lo que escuchase. Quiero decir que, a pesar de aborrecer el reguetón y el trap, y de que eche de menos el pop y el rock de mi juventud, soy consciente de que es solo una trampa de mi cerebro. Cada época y cada generación tiene su momento, y pretender lo contrario es tonto e inútil. Lo que jode es que el tuyo pasó sin remedio. No por ser ley de vida molesta menos.
Dicho lo cual, aquí va una nueva ronda de diez temas dispuestos en orden cronológico.
“…muchos manuscritos, papeles originales, cartas…(…)… forman un copioso aparato, cuyas puntuales citas afianzarán el acierto de la Obra, y la darán peso…” Viera y Clavijo (1731-1813)